
La ausencia tiene olor a café y se parece a Lisboa.
¿Porqué, verdad? Porque cuando era más (mucho más) pequeña mis padres antes de irse a trabajar tomaban café en la cocina, luego se marchaban y junto al poso de azúcar la ausencia era todo lo que quedaba en sus tazas y en la casa entera. Y lo de Lisboa... eso es otra piedra en la historia; Lisboa es hermosamente triste y rara.
Ya te has perdido cien mil domingos conmigo, cien mil minutos de cine sin anuncios y cien mil segundos de mirarnos por mirar, por vicio y por mojarnos como galletas, mirarnos porque no echan nada más espectacular en ninguno de los medios del mundo y nosotros somos ahora, con total seguridad, lo más interesante de nuestra calle. Y un día me arrepentiré, te arrepentirás...me refiero a uno de esos días en que uno es más mayor que el día anterior, y entonces se plantea de cuantas cosas podría arrepentirse mañana y de qué forma sangran las heridas hoy. El día que te lamas las heridas yo habré perdido las vergüenzas y miraré de frente el espectáculo, y tú me buscarás entre tus estanterías deseando que no te vea caer tan bajo y tan desnudo.Todos tenemos, aunque a ti no se te note, un bolsillito en las costillas, y ahí guardamos todas las cosas bonitas de las que Cándida hablaba en su película, ahí reside la felicidad en polvo y en virutas. Hay personas que nunca tiran de sus hilos porque mirándote a los ojos saber decirte tanto que no es necesario que articulen nada más ni rompan sus costuras, pero solo son algunas personas, y tú no eres una de ellas. Te prometo que desde mi bolsillo se ven las cosas más bonitas del mundo, y que si quieres y te animas un día te hago hueco en mi balcón, con vistas a Lisboa.
La de la foto es Cándida, y es una mujer excepcional.





